lunes, 2 de septiembre de 2013

Federalismo e igualdad

Transcurridos 30 años desde la promulgación de la Constitución, puede hacerse un balance con perspectiva y en profundidad de los logros y de los fracasos de este proyecto político constitucional.
Es evidente que España durante estos años ha prosperado mucho, y parte importante de ese éxito se debe al diseño constitucional pensado para ese delicado momento político de salida de una dictadura y de consolidación de una democracia europea moderna.
Pero ese diseño político da muestras graves de agotamiento que, de no remediarse con celeridad, puede dar lugar al colapso de todo el sistema constitucional, con consecuencias imprevisibles. Basta abrir los periódicos para comprobar, a diario, este fracaso institucional. El prestigio de la Corona (Título II), el funcionamiento de las Cortes Generales y la representación política de los ciudadanos (Título III) y el Poder Judicial y el Tribunal Constitucional (Títulos VI y IX) ha entrado en una caída en barrena, impensable hace sólo unos años.
Es urgente, pues, que se hagan las necesarias reformas constitucionales y legales que garanticen la total independencia del Consejo General del Poder Judicial, de los Tribunales Supremo y Constitucional, así como una reforma de la Ley Electoral que responda a una mayor y mejor representatividad de los ciudadanos; una reforma de la Corona que le otorgue la prestancia y dignidad perdida durante los últimos tiempos; y una auténtica Ley de Transparencia que garantice la exigencia de responsabilidad de todos ellos.
Pero el fracaso más evidente es del Título VIII, de la organización territorial, que se redactó por los constituyentes con el benévolo propósito de implicar a los nacionalismos vasco y catalán en la construcción política de España y de que, a su vez, la descentralización política cohesionase económica y socialmente todas las regiones españolas.
Lo cierto es que los resultados obtenidos, al cabo de tres decenios, son los contrarios a los previstos. En este momento, y a la vista está, el nacionalismo catalán y vasco están socavando la estabilidad de España con una deriva independentista creciente, amparada por el acomplejamiento de PP y PSOE; y, por otra parte, PSOE y PP, como partidos de ámbito nacional, han descubierto que el nacionalismo de cualquier índole (andaluz, gallego, valenciano, extremeño, etc…) es fuente de poder omnímodo, bastando con recurrir a la exaltación del sentimiento localista.
Pero, además, la inexistencia del diseño de un modelo territorial cerrado ha tenido como consecuencia la indeseable coexistencia de varios modelos territoriales contradictorios -de corte confederal, federal y unitario- cuya dinámica ha sido perversa: el constante chantaje político de los nacionalismos catalán y vasco para obtener constantes privilegios, la elefantización del Estado con la duplicidad de gastos y un despilfarro de recursos públicos sin exigencia de responsabilidad alguna, la desigualdad de derechos de los españoles en función del lugar donde viven y la creación de unos auténticos biotopos autonómicos de carácter clientelar.
Por eso, ahora es el momento de hacer propuestas que permitan superar urgentemente esta crisis institucional y política; y, en este sentido, no cabe duda que deben ser propuestas valientes y rotundas, sin complejos y formuladas desde la perspectiva del fomento del bien común de la nación.
Debe reformarse la Constitución para cerrar la distribución de competencias entre el Estado y CCAA e ir hacia la construcción de un modelo federal cooperativo, donde el Estado asuma una serie de competencias exclusivas e intransferibles en materias claves para el interés general y la cohesión social de todos los españoles y de su derecho a la igualdad y a la libertad, como son la justicia, la educación, la sanidad, el medio ambiente y el urbanismo, entre otros.
Por lo tanto, y como primera prevención, debe suprimirse la disposición adicional primera que consagra los derechos históricos de los territorios forales, por ser contrarios al valor superior de la igualdad que rige la Constitución y por pretender la existencia de derechos históricos que justifiquen privilegios de una parte de España.
Correlativamente, debe reformarse el Senado para que sea una verdadera cámara de representación territorial, de composición mixta de elección directa y por los parlamentos autonómicos, dejando que en el Congreso se debatan los intereses generales de ámbito nacional.
El modelo federal europeo es el modelo territorial que ha dotado a los países más prósperos de nuestro entorno más inmediato, como es el caso de Alemania y Austria, de estabilidad política, además de alcanzar de forma ordenada la igualdad de todos los ciudadanos.
No es casual la campaña de desprestigio que los nacionalistas, en plena deriva independentista del catalanismo político, están realizando de forma inmisericorde hacia las propuestas federales de España.
Con un Estado federal, se acabaría de una vez por todas el obstruccionismo y mala fe nacionalistas al quedar los gobiernos regionales sometidos a un estricto juego de normas constitucionales que les impediría chantajear al Estado para la obtención constante de nuevos privilegios, poniendo fin al pernicioso principio dispositivo de competencias. Y, también, se desacreditarían los falsos agravios esgrimidos por los independentistas, pues, nadie (cuerdo) en la Unión Europea tacharía a un sistema federal de organización del Estado, como el alemán o austríaco, de ser contrario a los principios de libertad, democracia e igualdad que la inspiran.
En este sentido, existe una sola fuerza política de carácter nacional que desde su fundación ha hecho frente con valentía a todo tipo de nacionalismo, del violento al supremacista, y que ha exigido sin ningún tipo de acomplejamiento abrir el melón de la reforma constitucional que garantice mayor libertad e igualdad de todos los españoles, con independencia de donde vivan y cómo piensen. Y esta fuerza, UPyD, está liderada por una mujer menuda y valiente, Rosa Díez, que vendrá a L'Hospitalet (Barcelona) el próximo 5 de septiembre, unos días antes de la Diada, para hablar de federalismo e igualdad, y, haciendo caso omiso al nacionalismo rampante que quiere dividir en dos y enfrentar a la sociedad catalana, explicar a la sociedad catalana la necesidad de un partido de ámbito nacional con una propuesta inevitable, inaplazable, de regeneración política.
Ramón de Veciana es miembro del Consejo de Dirección de UPyD
(Publicado en el digital La Voz de Barcelona - 31.08.2013 ) 
*******************************************
FEDERALISME I IGUALTAT

Transcorreguts 30 anys des de la promulgació de la Constitució, pot fer-se un balanç amb perspectiva i en profunditat dels assoliments i dels fracassos d'aquest projecte polític constitucional. 

És evident que Espanya durant aquests anys ha prosperat molt, i part important d'aquest èxit es deu al disseny constitucional pensat per a aquest delicat moment polític de sortida d'una dictadura i de consolidació d'una democràcia europea moderna. 

Però aquest disseny polític dóna mostres greus d'esgotament que, de no remeiar-se amb celeritat, pot donar lloc al col·lapse de tot el sistema constitucional, amb conseqüències imprevisibles. Hi ha prou en obrir els diaris per comprovar,  dia a dia, aquest fracàs institucional. El prestigi de la Corona (Títol II), el funcionament de les Corts Generals i la representació política dels ciutadans (Títol III) i el Poder Judicial i el Tribunal Constitucional (Títols VI i IX) ha entrat en una caiguda en barrina, impensable fa només uns anys. 

És urgent, doncs, que es facin les necessàries reformes constitucionals i legals que garanteixin la total independència del Consell General del Poder Judicial, dels Tribunals Suprem i Constitucional, així com una reforma de la Llei Electoral que respongui a una major i millor representativitat dels ciutadans; una reforma de la Corona que li atorgui la prestancia i dignitat perduda durant els últims temps; i una autèntica Llei de Transparència que garanteixi l'exigència de responsabilitat de tots ells. 

Però el fracàs més evident és del Títol VIII, de l'organització territorial, que es va redactar pels constituents amb el benèvol propòsit d'implicar als nacionalismes basc i català en la construcció política d'Espanya i que, a la vegada, la descentralització política cohesionés econòmica i socialment totes les regions espanyoles. 

La veritat és que els resultats obtinguts, al cap de tres decennis, són els contraris als previstos. En aquest moment, i a la vista està, el nacionalisme català i basc estan soscavant l'estabilitat d'Espanya amb una deriva independentista creixent, emparada per l'acomplexament de PP i PSOE; i, d'altra banda, PSOE i PP, com a partits d'àmbit nacional, han descobert que el nacionalisme de qualsevol índole (andalús, gallec, valencià, extremeny, etc…) és font de poder omnímode, essent suficient amb recórrer a l'exaltació del sentiment localista. 

Però, a més, la inexistència del disseny d'un model territorial tancat ha tingut com a conseqüència la indesitjable coexistència de diversos models territorials contradictoris -de cort confederal, federal i unitari- que la seva dinàmica ha estat perversa: el constant xantatge polític dels nacionalismes català i basc per obtenir constants privilegis, l'elefantizació de l'Estat amb la duplicitat de despeses i un balafiament de recursos públics sense cap exigència de responsabilitat, la desigualtat de drets dels espanyols en funció del lloc on viuen i la creació d'uns autèntics biòtops autonòmics de caràcter clientelar. 

Per això, ara és el moment de fer propostes que permetin superar urgentment aquesta crisi institucional i política; i, en aquest sentit, no hi ha dubte que han de ser propostes valentes i rotundes, sense complexos i formulades des de la perspectiva del foment del ben comú de la nació. 

Ha de reformar-se la Constitució per tancar la distribució de competències entre l'Estat i CCAA i anar cap a la construcció d'un model federal cooperatiu, on l'Estat assumeixi una sèrie de competències exclusives i intransferibles en matèries claus per a l'interès general i la cohesió social de tots els espanyols i del seu dret a la igualtat i a la llibertat, com són la justícia, l'educació, la sanitat, el medi ambient i l'urbanisme, entre uns altres. 

Per tant, i com primera provisió, ha de suprimir-se la disposició addicional primera que consagra els drets històrics dels territoris forals, per ser contraris al valor superior de la igualtat que regeix la Constitució i per pretendre l'existència de drets històrics que justifiquin privilegis d'una part d'Espanya. 

Correlativament, ha de reformar-se el Senat perquè sigui una veritable càmera de representació territorial, de composició mixta d'elecció directa i dels parlaments autonòmics, deixant que al Congrés es debatin els interessos generals d'àmbit nacional. 

El model federal europeu és el model territorial que ha dotat als països més pròspers del nostre entorn més immediat, com és el cas d'Alemanya i Àustria, d'estabilitat política, a més d'aconseguir de forma ordenada la igualtat de tots els ciutadans.

No és casual la campanya de desprestigi que els nacionalistes, en plena deriva independentista del catalanisme polític, estan realitzant de forma inmisericorde cap a les propostes federals d'Espanya. 

Amb un Estat federal, s'acabaria d'una vegada per sempre l'obstruccionisme i mala fe nacionalistes en quedar els governs regionals sotmesos a un estricte joc de normes constitucionals que els impediria fer xantatge a l'Estat per a l'obtenció constant de nous privilegis, posant fi al perniciós principi dispositiu de competències. I, també, es desacreditarien els falsos greuges esgrimits pels independentistes, doncs, ningú (entenimentat) en la Unió Europea ratllaria a un sistema federal d'organització de l'Estat, com a l'alemany o austríac, de ser contrari als principis de llibertat, democràcia i igualtat que la inspiren. 

En aquest sentit, existeix una sola força política de caràcter nacional que des de la seva fundació ha fet front amb valentia a tot tipus de nacionalisme, del violent al supremacista, i que ha exigit sense cap tipus d'acomplexament obrir el meló de la reforma constitucional que garanteixi major llibertat i igualtat de tots els espanyols, amb independència d'on visquin i com pensin. I aquesta força, UPyD, està liderada per una dona menuda i valenta, Rosa Díez, que vindrà a L'Hospitalet (Barcelona) el proper 5 de setembre, uns dies abans de la Diada, per parlar de federalisme i igualtat, i, fent cas omís al nacionalisme rampant que vol dividir en dos i enfrontar a la societat catalana, explicar a la societat catalana la necessitat d'un partit d'àmbit nacional amb una proposta inevitable, inajornable, de regeneració política.

Ramon de Veciana és membre del Consell de Direcció d'UPyD

(Publicat al digital La Voz de Barcelona - 31.08.2013 )